El sentido del olfato

El sentido del olfato nos relaciona con el ambiente, gracias a él se consigue detectar sensaciones olorosas.

 

El olfato es una importante función de las fosas nasales, en los animales es básica ya que les permite buscar alimento, atraer pareja para la reproducción, seguir el rastro de otros animales como presas de caza o huir de posibles depredadores. En el hombre no ha sido un sentido muy estudiado ya que su ausencia no conlleva implicaciones graves en la salud.

 

Se estima que el ser humano puede detectar hasta 10.000 olores diferentes, aunque es difícil de valorar debido a la gran diferencia que existe entres unas personas y otras en la percepción de estas sensaciones y la cultura olfatoria de cada individuo. Así como se han clasificado los sabores en varias categorías también se han clasificado los olores en seis categorías: los frutales (naranja, limón, plátano,…), los florares (rosa, lavanda, jazmín,…), los resinosos (eucaliptus, pino, madera,…), especiados (canela, clavo, vainilla,…) , quemado o  ahumado (humo, palomitas de maíz,...) y descompuesto (podrido)

 

La sensación olfativa se inicia en la nariz, cuando las sustancias químicas disueltas en el aire que respiramos alcanzan la porción superior de las fosas nasal, allí disueltas en el moco que recubre el epitelio, contactan con los receptores de la primera neurona olfatoria, lo que produce un aumento de la permeabilidad de las células, una entrada de iones y la generación de un estímulo eléctrico que viaja por la vía olfatoria hasta el cerebro. De la cantidad de sustancias odoríferas en el aire dependerá la intensidad de la estimulación y de su composición química el que estimule unos recetores u otros produciéndose distintas sensaciones olorosas.

 

 

En el cerebro la vía olfatoria tiene múltiples conexiones con otras vías neurológicas, por lo que el olfato influye enormemente en el sistema digestivo como la producción de jugos gástricos, en el sabor estando muy relacionado con el sentido del gusto, en la evocación de recuerdos o en conductas como el miedo, la estimulación sexual o sensaciones de bienestar y relajación.

 

La alteración del olfato, denominada hiposmia cuando disminuye o anosmia cuando desaparece totalmente, puede deberse a varias causas tales como enfermedades nasales tipo rinitis (frecuentemente víricas), sinusitis, poliposis o tumores. Los traumatismos craneales que afecten a la base del cráneo por dónde pasan las neuronas olfatorias. la exposición a sustancias tóxicas, las alteraciones metabólicas o las enfermedades neurológicas son otras causas de la pérdida este sentido. Por último, hay paciente en los que la causa no se conoce, se le denomina hiposmia o anosmia ideopática.

 

La relación entre disfunción olfatoria e infección por SARS-COV-2 es plausible. Se ha demostrado la hiposmia como síntoma inicial de la infección.  Todavía es demasiado temprano para establecer si la pérdida olfatoria que provoca este virus es transitoria o permanente.

 

El diagnóstico de anosmia e hiposmia es médico, en el que interviene el especialista en ORL, después de una anamnesis exhaustiva, exploración física completa que incluye rinoscopia anterior, fibroscopia y que puede incluir un test olfativo. En ocasiones es necesario completar el estudio con pruebas de imagen como tomografía axial computerizada, resonancia magnética, analíticas básicas, específicas y valoración por otros especialistas como el neurólogo y el endocrinólogo.

 

El tratamiento de la pérdida de olfato es el de la causa que lo originó. Cuando esto no es posible o la anosmia persiste hay múltiples estudios que demuestran la posibilidad de regenerar las células neurosensoriales olfatorias con estimulación olorosa, lo que ha llevado a desarrollar técnicas de entrenamiento de olores.